El teatro, el cine y ahora el streaming, distintos escenarios que recuerdan a Evita

Una ópera rock británica, un musical argentino, Alan Parker en el cine, nuevas miradas hechas película, ficciones acerca del destino demencial de su cuerpo y hasta dos transgresiones forman parte de universo Evita. Con nombres que le pusieron el cuerpo como Madonna, Elena Roger, Nacha Guevara, Flavia Palmiero, Esther Goris, Julieta Díaz, Laura Novoa, Natalia Oreiro y Benjamin Vicuña.

Eva Duarte de Perón murió en 1952 a los 33 años y antes que ser esposa de Juan Domingo Perón fue actriz, en teatro, radio y un puñado de películas, todas performances con raíces populares que dieron paso a su irrupción en la más alta política que comenzó a crecer en forma irresistible. Una épica que fue abruptamente interrumpida por una enfermedad que la convirtió en mito, en leyenda y en parte ineludible de las clases más populares.

Eva dejó de ser actriz para protagonizar otra historia, la de un país que necesitaba cambios en su sociedad, luego de una guerra distante que había conmocionado a la humanidad y que permitió a la Argentina dar fe que aquello de «granero del mundo» no eran un slogan publicitario sino que podría ser clave para un gran crecimiento (que de hecho ocurrió), siempre y cuando los derechos postergados de las clases más humildes se materializaran cosa de dar ese gran paso a una etapa global sin conflictos.

Sin embargo aquella utopía comenzó a debilitarse tras la muerte de Evita y las grietas que ya amenazaban con echar por tierra las conquistas de los primeros años, un devenir de aciertos y errores que fueron la excusa para que, finalmente y como parte de un nuevo esquema internacional, Perón fuera derrocado y así avanzar con un cruel capitulo de proscripciones, persecuciones y retrocesos, un sinfín de idas y venidas -algunas muy trágicas- que se extiendieron por más de tres décadas.

«Ya en su tiempo Evita era un personaje conocido en el exterior y no había necesidad de esta infamia que han hecho con la ópera. La han dado a conocer de forma indecorosa y sucia persiguiendo el lucro»

En 1978, dos años después del golpe militar que terminó con la tercera puesta a prueba del peronismo después del regreso al país de líder tras su exilio de casi dos décadas y de también su tercera  presidencia interrumpida cuando murió en cumplimiento de su mandato el 1 de julio de 1974, los autores de la polémica «Jesucristo Superstar», creyeron oportuno ya en medio de las denuncias por violaciones a los «derechos humanos» en Argentina, elegir como personaje central de su nueva ópera rock a Eva.

De pronto la ópera rock «Evita», estrenada en el Prince Edward Theatre de Londres, con Marti Webb, se convirtió en el espectáculo que todos querían ver o al menos escuchar, pero la dictadura argentina, con otro tipo de censura diferente a la que existió durante del sangriento golpe de 1955, desde las sombras no estaba de para nada de acuerdo con su difusión. Mucho menos que se recordara a la mujer como la «abanderada de los humildes»y con el riesgo de convertirse en un emblema de lo que estaba prohibido.

El 1 de junio de 1982, con Raúl Alfonsín ya candidato a la presidencia, en un antiguo departamento de la calle Cangallo (que luego en 1984 se convertiría en Perón) al 1900, el célebre Hugo del Carril confesó al autor de esta nota que estaba muy enojado con los que habían pergeñado aquella ópera y aseguró que si él pudiera retratar a Evita en una película «la mostraría como fue, una mujer entregada de lleno a su pueblo, hasta el punto que toda su preocupación, su esfuerzo y su trabajo la llevaron a la muerte».«Ya en su tiempo Evita era un personaje conocido en el exterior y no había necesidad de esta infamia que han hecho con la ópera. La han dado a conocer de forma indecorosa y sucia persiguiendo el lucro», dijo con su voz ruda, siempre firme, la misma con la que en su tiempo había grabado en discos de pasta la eterna Marcha Peronista, conciente -y triste- de que emprender aquella épica -a esa altura de su vida-, era una utopía, un sueño imposible de cristalizar.

En ese mismo momento la televisión estadounidense había estrenado «Evita Perón» (1981), mamarracho dirigido por Marvin J. Chomsky (el mismo de la miniserie «Raíces»), que muestra a la Argentina como una republiqueta, que desdibuja a Perón y a Evita con trazo más que grueso, interpretados por James Farentino y a Faye Dunaway, un despropósito sin rigor de ningún tipo, con una Guadalajara casi colonial que no tiene nada que ver con la auténtica ciudad de Buenos Aires, y sus edificios emblemáticos.

Frente a esa caricatura, en la Argentina de la fresca democracia el publicista y escritor Eduardo Mignogna (1940-2006) encaró el docudrama «Evita: quien quiera oír que oiga» (1984, con música de Litto Nebbia), en el que reunió imágenes reales, testimonios y ficción de la joven Evita que partía de su pueblo natal con rumbo Buenos Aires, hasta conocer a Perón, en tanto se revelan algunos posibles porqué de esa historia que conmoverá las raíces del pueblo argentino, con su carga de amor-odio.

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